Habilidades de comunicación

Dominar una lengua es una parte más del proceso de comunicación. De hecho, la especie humana llevaba mucho tiempo comunicándose antes de que aparecieran las primeras lenguas.

 

El lenguaje no verbal hace el resto, por no decir que hace la mayor parte del proceso de comunicación. El cuerpo, por una parte, da cuenta de la dirección del proceso comunicativo. La emoción expresa la intención. 

 

La lengua no hace más que acabar de perfilar el mensaje. Pero, si por algún casual, quiere tomar el mando de la comunicación, el cuerpo y la emoción se rebelarán y sabotearán la situación, como bien saben hacerlo.

Lengua


Te enseñaré a familiarizarte y a ser competente de manera natural con las cuatro competencias básicas de la lengua.

 

 

La producción oral, para que domines los conceptos de coherencia, cohesión, adecuación y corrección, y desarrolles exposiciones bien estructuradas.

 

La comprensión oral, con el propósito de entender los diferentes matices fonéticos y extraer la información adecuada de cada mensaje.

 

La producción escrita, para manejar con soltura los diferentes tipos de textos, así como el estilo necesario en cada uno de ellos. 

 

La comprensión escrita, para que seas capaz de analizar un texto minuciosamente, incluso de leer entre líneas.

 


Emoción


El mensaje es una cosa, y lo que se quiere decir es otra, aunque a veces coincidan. En efecto, la verdadera comunicación es como un río suberráneo que a veces no se ve. Lo que se dice importa poco respecto a cómo se dice. 

 

Habilidades como la mediación, recientemente instaurada en las pruebas de certificación, requieren una buena dosis de inteligencia social, relacionada con la comunicación emocional.

 

Quiero enseñarte habilidades como:

 

  • ser capaz de captar la intención detrás del mensaje.
  • captar las necesidades de tu interlocutor.
  • hacer de puente entre dos interlocutores.
  • tener en cuenta todos los aspectos de una buena mediación.

Cuerpo


Es quien manda.

 

Manda sobre tus pensamientos: si piensas en tu cerebro como la capital de tu ser, capaz de controlar cada una de tus acciones, te equivocas. Paralizará tu mente, e incluso enviará ataques que la convertirán en un desierto: opresión, sudor, ansiedad...  

 

Manda sobre tus emociones y sentimientos: ¿has trabajado la serenidad, quizá suavizado la timidez y te llenado de entusiasmo antes de comenzar tu exposición? Perfecto. Pero en la sala, alguien del tribunal te taladra con su mirada y de repente tiene la boca pegada como el cemento o unas ganas irremediables de ir al baño. 

 

Acepta que tu cuerpo no es una carga extraña de la que te gustaría desprenderte en tu exposición, sino que es lo más genuino de ti, y deja que participe en el juego.