Desarrollo personal en una segunda lengua

Recientemente se ha sabido de un estudio que revela que tomar decisiones en una lengua que no es la propia conlleva ciertos beneficios. Parece ser que nos hacemos más reflexivos y nos enfocamos mejor en el resultado.

 

Desde quienes piensan que el lenguaje es una herramienta de comunicación adherida superficialmente al ser humano hasta los que afirman que es su esencia, al ser seres lingüísticos, lo que ahora aporta este estudio es que el lenguaje clava sus raíces en nuestro cerebro a distintas profundidades dependiendo de la lengua que usemos.

 

Usando como marco el modelo de las tres partes cerebrales: reptil, límbico y cortical, la lengua materna estaría enraizada más profundamente, estando en contacto con la parte límbica y reptil, más antiguas, donde se supone que se alojan las características emocionales de la persona y que son las responsables de muchas de las decisiones que tomamos.

 

Al parecer, la lengua extranjera, al no haber tenido tiempo a asentarse, se mantiene aún en la sala del cerebro que se ocupa de los procesos lógicos y por tanto menos impregnada por las emociones. De este modo, está en la misma sala donde se encuentran las herramientas más apropiadas para la resolución de problemas de una manera racional.

 

Creo no haber metido la pata aún y tomar partido por una de las dos maneras de reaccionar para crear una estrategia: racional o emocional, ya que probablemente cada decisión sea un caso particular que necesitará una dosis igualmente particular de ambas. Lo que sí es verdad es que cuando necesitemos una carga racional importante para tomar una decisión, labor muy emparentada con el coaching, será una ventaja poseer una segunda lengua como herramienta que amplíe nuestra oferta de soluciones.

 

Fuente: El País

 

 

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