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Cómo controlar los nervios en un examen

¿A quién le gusta hacer exámenes?

No conozco a mucha gente que le divierta hacer exámenes, en sentido amplio para cualquier prueba o entrevista que evalúe nuestras capacidades. Es una circunstancia que conlleva inquietud, a veces nervios e incluso angustia desde que comenzamos a ir a la escuela. Allí quedan velados muchos de nuestros méritos al no ser capaces de demostrarlos por culpa de estúpidos bloqueos, los cuales subsisten de manera absurda cuando somos adultos. Es habitual ver como se echa por la borda el trabajo de mucho tiempo por un estado de exitación tan indeseable, pero es algo que se puede cambiar.

 


No aceptes los nervios como algo normal

 

Pese a lo habitual, sentir nervios en un examen no puede ser normal, sencillamente porque el miedo que desata ese estado no está justificado; o dicho de otro modo, las consecuencias por fracasar no implican peligro para la integridad física del individuo. Se trata de una reacción sobredimensionada por un condicionamiento que ha arraigado en ti.

 

Cuando somos pequeños aprendemos de primera mano lo que es peligroso de lo que es beneficioso para nosotros. Pero dada la cantidad de aprendizajes que debemos hacer antes de llegar a la edad adulta, es imposible que podamos seguir utilizando ese sistema de ensayo-error, por lo que entra en juego un aprendizaje de segunda mano: alguien nos dice qué pasará si hacemos esto o aquello. Pero esta manera de aprender nos deja expuestos a información desacertada.

 

Causas de este miedo condicionado hay muchas, pero con origen en nuestro transcurso académico mis preferidas son:

  • Unos padres que quieren transmitir a los hijos la importancia de estudiar y sacar buenas notas, pero no saben hacerlo más allá de una actitud autoritaria. Por tanto, los hijos no deserrollan miedo a suspender, sino a los padres.
  • Una educación antigua, donde se mide a todos los alumnos con el mismo rasero porque se supone que todos tienen las mismas capacidades, habilidades y gustos. Por tanto, los niños identifican la nota como su propia valía como individuo y no el reflejo de algo mucho más amplio.
  • Deportes y juegos donde se avanza si se acierta y se retrocede si se falla. Cuando es en realidad el fallo el ingrediente fundamental del aprendizaje.

Sin embargo, todo lo dicho no significa que debamos escudarnos ad aeternum en el rol de víctima de un sistema social, cultural o educativo antiguo, sino que es nuestra obligación reparar todos aquellos aprendizajes que no se hicieron bien para poder continuar nuestra evolución como persona. Aunque otra cosa es, claro está, que por pereza o por ignorancia tu vida siga estando condicionada por los juicios de valor de los demás, y no hayas sido capaz de madurar.

 

En definitiva, que no, que no ha dedarte miedo contestar a ninguna pregunta salvo que tenga que ver con el matrimonio, la hipoteca o interrogatiorios a punta de pistola.

Aprovéchalos a tu favor

 

Si estás motivado a seguir adelante, te diré que tu problema ha engendrado dos itinerarios, tan positivos como interesantes para ti. El primero es que se te abre una perspectiva de autodescubrimiento donde poder indagar y generar procesos de cambio a medio y largo plazo. Es un proceso que habrás de hacer preferiblemente con la ayuda de un profesional adecuado, que te permita hacerlo de manera segura, sin prisas, y a ser posible disfrutándolo.

 

Por otra parte (la mía), te ofrezco una técnica que a corto plazo te va a permitir quitarte gran parte de esa presión que sientes cuando eres evaluado; tan obvia como ridícula la actitud que quiere desmontar: tratar de ocultar que estamos nerviosos.

Verbaliza

 

Vamos a desenmascarar cada uno de los miedos que son únicamente sombras, y para eso hemos de buscar aliados; si nos han creado el problema entre varios, faltaría más no poder contar con otros tantos a nuestro favor. Ellos nos ayudarán a descargar toda la cochambre que hemos ido almacenando durante años. 

 

¿Cómo se hace? Muy sencillo. Imagina que estás descargando sacos de mercancía para reciclar de tu camión, y ha venido gente del almacén a ayudarte. Ellos saben dónde van esos sacos; tú sólo has de preocuparte de entregárselos. Lo que vendría a ser algo similar a nuestra tarea real: verbalizar nuestros miedos con el resto de personas. 

 

Habla con cada una de las personas que tengas oportunidad de poder compartir como te sientes, sin otra intención que la de mostrar tu parte humana; no se trata de dar pena ni nada parecido, porque significaría que buscamos una reacción, y no es así. Por supuesto, verbalízalo con la persona encargada de examinarte, pero también con alguien que te has encontrado al ir a tomar café. Además, hazlo con cualquier conocido con el que tengas oportunidad. Incluso puedes sencillamente hablar en voz baja sobre lo que sucede dentro de ti.

 

Notarás un alivio inmediato y además puede que una fuerza extra para afrontar la prueba. Gracias a esto desmontarás el miedo a que la gente note tu debilidad. Y no tiene nada de malo, puesto que la debilidad crea mucho más vínculo social que una fachada de perfección que sólo los necios se la creen.

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